Ábreme la puerta Señor…

 

Ahora comprendo, Señor,

que hay que volver a ti.

Ábreme la puerta,

que te estoy llamando.

Enséñame cómo llegar hasta ti.

No me falta buena voluntad,

ni me halagan ya las vanidades de este mundo.

Pero sigo desconociendo

por dónde se llega hasta ti.

Enséñame ese camino, muéstramelo,

y dame fuerzas para el viaje.

Si con la fe se llega a ti,

dame la fe.

Si con la virtud,

dame la virtud.

Si con la ciencia,

dame la ciencia.

Aumenta mi fe,

aumenta mi esperanza,

aumenta mi caridad.

¡Oh admirable y sin igual bondad de Dios!

 

San Agustín-Soliloquios

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