Ser humildes y escapar de la soberbia

 

 

Está vacío el que pone su confianza

en las personas o las cosas creadas.

No te avergüences de servir a los demás por amor a Jesús

y aparecer ante ellos como pobre.

No te sostengas en ti mismo

sino pon en Dios tu esperanza.

Haz lo que esté de tu parte

y une tu buena voluntad a la de Dios.

No confíes tanto en tu ciencia

o en la astucia de algún otro

sino más bien en la gracia de Dios

que ayuda a los humildes

y desecha a los presumidos.

 No te engrías por tus posesiones

o amistades poderosas

confía sólo en Dios que todo lo otorga

y desea darse Él mismo a nosotros.

No te coloques sobre los demás

por tu prestancia o belleza física

que una pequeña enfermedad

 

puede destruir y sepultar.

No te contentes tanto

de tu propia habilidad e ingenio

no vaya a ser que descontentes a Dios

verdadero dueño de todo lo que posees.

 No pienses que eres mejor que otros

no vayas a aparecer peor ante Dios

que conoce muy bien cómo es cada uno.

No te ensoberbezcas por tus buenas acciones

ya que el criterio de Dios es distinto del nuestro

y a veces lo que está bien a los demás

no le parece suficiente a Él.

Si tienes algo bueno cree que es mejor lo ajeno

conservándote así humilde.

No te hace ningún daño colocarte al último

en cambio puede ser muy dañino

ponerse por delante de uno solo.

Con el humilde está la paz

en el autosuficiente

hay celos e indignación con frecuencia…

 

 

De Imitación de Cristo- Tomás de Kempis

Versión Otero Linares

 

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